La representación – Parte 2: Devoción o intimidad

Dios decide. 

1.

En Introducción a la historia de la filosofía (1956), Hegel desarrolla algunas de las características de la relación entre la filosofía y otros productos del espíritu, entre ellos la religión. Reflexiona sobre la manera en que el espíritu llega a existir, a tener una forma, o, para decirlo más explícitamente, sobre cómo su existencia en la realidad adopta diversas manifestaciones y, en esa diversidad, se configura de distintas maneras.

En la religión, por ejemplo, el espíritu adopta una forma que le es propia y que puede llegar a ser sensible; es decir, puede adquirir la forma del arte o, más específicamente, de la poesía, en la que la representación sensible constituye la esencia de la expresión. Aquí, el espíritu mismo se configura como representación. En otros términos, para Hegel existe una diferencia entre el pensar y el representar, ya que el primero se encuentra entrelazado con un contenido exterior: parte de, o se enlaza a, un objeto externo al individuo. Por su parte, la representación implica la configuración del espíritu en una forma determinada.

Hegel propone pensar en dos momentos de la representación en la religión. En primer lugar, podemos considerar una forma objetiva o una determinación de la conciencia: allí el espíritu existe como objeto. Si en algún punto se acerca a la representación, lo hace como representación histórica o como forma de arte, situada más allá del espíritu subjetivo y alejada de las nociones de espacio y tiempo. En segundo lugar, nos presenta la devoción y la intimidad como dos aspectos distintos que, sin embargo, pertenecen a ese momento en el que se eliminan la distancia y el alejamiento. Se asume la separación para que ocurra la unión: el espíritu es uno con el objeto o, en otras palabras, el individuo es poseído por el espíritu.

Arte y fe, devoción o intimidad, son dos momentos de la religión y su representación. No obstante, aunque la forma varíe, hay un único contenido que se busca representar. Lo que cambia constantemente es la manera de representación y el grado de proximidad o alejamiento con que el espíritu se presenta ante el individuo.

Finalmente, convertirse en posesión del espíritu —que, en el caso de la religión, podemos llamar espíritu Divino— tiene el significado de engendrar a su Hijo. En los términos de Hegel, en la devoción o la intimidad, “el Hijo se sabe el Padre, porque son de la misma naturaleza” (Hegel, 1956, p. 150). Esta relación es, a su vez, una nueva forma de representación.

Los poemas o fragmentos citados a continuación constituyen una ilustración de estas ideas y dan cuenta de la extensión de las relaciones entre arte, fe, devoción e intimidad a otros ámbitos por fuera del religioso.

2.

Escribir es también bendecir una vida que no ha sido bendecida.

Clarice Lispector

3.

Cerré mi boca y te hablé de mil maneras silenciosas.

Rumi

4.

La puerta de la felicidad se abre hacia adentro, 

hay que retirarse un poco para abrirla; 

si uno empuja, la cierra cada vez más.


Søren Kierkegaard

5.

Hace frío sin ti, pero se vive.

Roque Dalton

6.

El que se va se lleva su memoria, su modo de ser río, de ser aire, de ser adiós y nunca.

Hasta que un día otro lo detiene y lo reduce a voz, a piel, a superficie ofrecida, entregada, mientras dentro de sí la oculta soledad aguarda y tiembla.

Rosario Castellanos

7.

Si deseo de una cierta manera, ¿seré capaz de vivir?

Judith Butler

8.

Querida Tantriste:

Comprendo, a pesar de las ligaduras indecibles e innumerables, que llegó el momento de agradecernos la intimidad de los últimos meses y decirnos adiós. Todas las ventajas serán tuyas. Creo que nunca nos entendimos de veras; acepto mi culpa, la responsabilidad y el fracaso. Intento excusarme —sólo para nosotros, claro— invocando la dificultad que impone navegar entre dos aguas durante X páginas. Acepto, también como merecidos, los momentos dichosos. En todo caso, perdón. Nunca miré de frente tu cara, nunca te mostré la mía.

Juan Carlos Onetti

9.

Un rostro frente a tus ojos que lo miran y por favor: que no haya mirar sin ver. Cuando miras su rostro —por pasión, por necesidad como la de respirar— sucede, y de eso te enteras mucho después, que ni siquiera lo miras. Pero si lo miraste, si lo bebiste como sólo puede y sabe una sedienta como tú. Ahora estás en la calle; te alejas invadida por un rostro que miraste sin cesar, pero de súbito, flotante y descreída, te detienes, pues vienes de preguntarte si has visto su rostro. El combate con la desaparición es arduo. Buscas con urgencia en todas tus memorias, porque gracias a una simétrica repetición de experiencias sabes que si no lo recuerdas pocos instantes después de haberlo mirado este olvido significará los más desoladores días de búsqueda.

Hasta que vuelvas a verlo frente al tuyo, y con renovada esperanza lo mires de nuevo, decidida, esta vez, a mirarlo en serio, de verdad, lo cual, y esto también lo sabes, te resulta imposible, pues es la condición del amor que le tienes.

Alejandra Pizarnik

10.

Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida,

Porque nunca me diste ni esperanza fallida,

Ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;

Porque veo al final de mi rudo camino

Que yo fui el arquitecto de mi propio destino;

Que si extraje las mieles o la hiel de las cosas,

Fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:

Cuando planté rosales, coseché siempre rosas.


Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno:

¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno!

Hallé sin duda largas las noches de mis penas;

Mas no me prometiste tan sólo noches buenas;

Y en cambio tuve algunas santamente serenas…


Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.

¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!


Amado Nervo

11.

A vosotros los que vengáis a hacer lo que nosotros no hemos hecho. A dar el beso que no pudimos dar, a soñar el sueño que se nos escapó, a escribir la letra que se nos olvidó. Os confío mi fracaso, y os deseo la victoria.

Pedro Salinas

12.

La esperanza es algo que ganamos resistiendo la desesperación y cavando túneles, cortando ventanas, abriendo puertas, y encontrando a otras personas que hacen lo mismo. Y existen.

Rebecca Solnit

13.

Nada en este mundo permanece oculto para siempre. El que yace ignorado durante siglos bajo tierra aparece un día en la superficie. La arena se vuelve traidora y delata la huella que la ha pisado; el agua devuelve a la superficie reveladora el cuerpo que ha sido sumergido. El fuego mismo deja escrita la confusión en las cenizas de la sustancia que consumió. El odio fuerza el secreto de su prisión a través de la puerta de los ojos, y el amor encuentra al Judas que lo traiciona con un beso. Allá donde posemos nuestra mirada, la inevitable ley de la revelación es una de las leyes de la naturaleza: el secreto duradero es un milagro que aún está por ver.

Wilkie Collins

14.

Equivocarte a tu manera es mejor que acertar a la manera de otro.

Fiódor Dostoyevski

15.

Lo que me atraía no era la belleza externa cuantificable e impersonal, sino algo más absoluto que se hallaba en el interior. De la misma manera que hay quien ama secretamente los diluvios, los terremotos o los apagones, yo prefería ese algo recóndito que alguien del sexo opuesto emitía hacia mí. A ese algo voy a llamarlo aquí “magnetismo”. Una fuerza que te atrae y te absorbe, te guste o no te guste, quieras o no.

Haruki Murakami

16.

Estoy afuera con candiles, buscándome a mí misma.

Emily Dickinson

17.

Todo el que alguna vez ha construido un nuevo cielo encontró antes el poder para ello en su propio infierno.

Friedrich Nietzsche

18.

Luego dormimos abrazados

como por una hora,

y eso en cierto modo

fue mejor que haber

hecho el amor.


Charles Bukowski

19.

Andrei Tarkovsky: ¿Qué es la verdad? ¿El concepto de verdad? Debe ser algo tan humano como para no tener equivalente en términos objetivos, suprahumanos y absolutos. Y, como es humano, está limitado, rígidamente confinado en términos humanos, en el marco del entorno humano. No hay ningún vínculo concebible entre lo que es humano y el cosmos. Y lo mismo se aplica a la verdad. Alcanzar la grandeza dentro de nuestros propios límites, que son euclidianos e insignificantes en yuxtaposición con el infinito, es ilustrar que somos meramente humanos.

Cualquiera que no aspire a la grandeza del alma no vale nada; tan insignificante como un ratón de campo o un zorro. La religión es el único ámbito reservado por el hombre para definir lo que es poderoso. Pero “la cosa más poderosa del mundo” —dijo Lao Tzu— “no puede ser vista, escuchada ni tocada”. En virtud de las leyes infinitas, o de las leyes del infinito que están más allá de lo que podemos alcanzar, Dios no puede sino existir.

Para el hombre, que es incapaz de comprender la esencia de lo que yace más allá, lo desconocido —lo desconocido— es Dios. Y, en un sentido moral, Dios es amor.

El hombre tiene que tener un ideal para poder vivir sin atormentar a otras personas. Un ideal como concepto espiritual y ético de la ley. La moralidad está dentro de una persona. Los preceptos éticos son algo externo, que se ha pensado en lugar de la moralidad. Donde no hay moralidad, los preceptos éticos dominan: en bancarrota e inútiles. Donde existe moralidad, no hay necesidad de preceptos.

El ideal es inalcanzable, y en la comprensión de este fenómeno reside la grandeza de la razón humana.

Andrei Tarkovsky

20.

El porvenir no nos aporta nada, no nos da nada; somos nosotros los que para construirlo debemos darle todo, darle nuestra vida misma. Pero para dar hace falta poseer y no poseemos otra vida, otra savia, que los tesoros heredados del pasado y dirigidos, asimilados, recreados por nosostros. De todas las necesidades que tiene el alma humana, no hay ninguna más vital que el pasado.

Simone Weil

21.

Debes saber que no hay nada más alto y más fuerte y más sano y bueno para la vida en el futuro que algunos buenos recuerdos, especialmente un recuerdo de la infancia, de hogar. La gente te habla mucho de tu educación, pero un buen recuerdo sagrado, preservado desde la infancia, es quizás la mejor educación. Si un hombre lleva consigo muchos recuerdos de este tipo a la vida, está a salvo hasta el final de sus días, y si a uno sólo le queda un buen recuerdo en el corazón, incluso eso puede ser en algún momento el medio de salvarnos.

Fiódor Dostoyevski

22.

Un ave de rapiña se ha aferrado a mi interior.

Sus garras se han abierto paso hasta mi corazón.

Su pico me ha taladrado el pecho y el batir de sus alas me ha nublado el entendimiento.

Edvard Munch

Lic. Agostina Uraga


Leer parte 1: La representación. Entre la paradoja y la crítica

Referencia

Hegel, G. W. F. (1956). Introducción a la historia de la filosofía. Aguilar.

Comentarios

Entradas populares de este blog

El arte como continuidad posible entre Marx y Hegel

¿Quién puede hacer justicia? Cuerpo, historia y poder