El arte como continuidad posible entre Marx y Hegel



Este texto es una reedición de un escrito más amplio presentado en 2021 en la Cátedra de Problemas Filosóficos de la Facultad de Psicología (UBA), y tiene por objetivo abordar el segundo aspecto del trabajo enajenado planteado por Karl Marx en "El trabajo enajenado" (2010), lo cual implica partir de la explicación de “[…] la relación del trabajador con el acto de la producción dentro del trabajo” (Marx, 2010, p. 4). En otros términos, aquí se trata de considerar la relación que tiene el trabajador con su propia actividad, a saber: la enajenación respecto de sí mismo, que se suma a la enajenación respecto de la cosa.

Siguiendo este planteo inicial, puede establecerse que el trabajo es definido como una enajenación activa; esto es, el extrañamiento del producto del trabajo (Marx, 2010). Y esta enajenación o extrañamiento, a su vez, admite dos formas. Por un lado, el trabajo se vuelve objeto, es decir, adquiere la forma de una existencia exterior y extraña. Marx lo define, de hecho, como un objeto que configura un poder independiente que se presenta al trabajador como extraño y hostil: lo producido deviene “[…] un poder independiente del productor” (Marx, 2010, p. 2). En definitiva, se está aludiendo a la fijación del trabajo en la cosa, a la objetivación del trabajo.

Por otro lado, la enajenación de sí mismo refiere a que la actividad del trabajador no le pertenece (Marx, 2010). Su energía física y espiritual —su vida personal en tanto actividad— no es de su propiedad. Contrariamente, es la realización del trabajo —el acto de producción, la actividad— lo que permite la objetivación del mismo y se expresa en términos de pérdida del objeto. En otras palabras, la apropiación del objeto se produce por vía del extrañamiento: como enajenación.

En síntesis, lo que plantea Marx es que el trabajador ha devenido siervo: siervo del objeto, y en un doble sentido. En primer lugar, porque recibe un objeto de trabajo; obtiene trabajo porque, ante todo, existe como trabajador y sujeto físico. En segundo lugar, porque en esta relación están comprendidos sus medios de subsistencia. Es la Economía Política la que —con sus terminologías y leyes— propicia una equivalencia inmediata y fija entre las concepciones de trabajador y sujeto físico. Y es precisamente esto, dice Marx, lo que mortifica el cuerpo y arruina el espíritu: lo que rebaja al trabajador a su condición de mercancía y otorga al sujeto la cualidad de siervo.

La noción de espíritu permite introducir articulaciones y tensiones entre Marx y las elaboraciones hegelianas expuestas en la Fenomenología del espíritu (1985). Más específicamente, la cuestión del espíritu introduce una dimensión no reductible a lo económico-político, permitiendo pensar la enajenación no sólo como pérdida del objeto, sino como una pérdida de la propia vida. Este enfoque abre la posibilidad de considerar las elaboraciones hegelianas sobre el Espíritu como un marco para comprender una dimensión más profunda de la enajenación descrita por Marx.

En este sentido, resulta pertinente retomar la noción hegeliana de Espíritu como tercer momento de una Aufhebung, es decir, de una dialéctica de tres tiempos (Idea, Naturaleza y Espíritu). Este último representa el desarrollo de la Idea, desde su condición de Naturaleza primitiva, que deviene humanidad y culmina en Filosofía (síntesis superadora, donde se piensa a sí misma). El Espíritu es Idea y es Naturaleza; es la síntesis superadora.

Por ello, el Espíritu no ha de reclamar a la Filosofía el saber de lo que es; por el contrario, es por medio de ella que puede recobrar su sustancialidad y consistencia de ser. Esto equivale a decir que no es propósito de la Filosofía poner al descubierto la sustancia, la conciencia de sí misma o la ordenación del pensamiento, sino que debe apuntar a “[…] implantar el sentimiento de la esencia […]” (Hegel, 1985, p. 10). Dicho de otro modo, lo bello, lo sagrado, lo eterno, la religión y el amor son, para Hegel, el “cebo” del Espíritu, que conduce a “[…] la actitud y el progresivo despliegue de la riqueza de la sustancia [que] no debe buscarse en el concepto, sino en el éxtasis; no en la fría necesidad progresiva de la cosa, sino en la llama del entusiasmo” (Hegel, 1985, p. 10).

En relación con este desarrollo, se puede afirmar que es por medio de la Filosofía que se alcanza lo verdadero: el saber inmediato de lo absoluto, el ser. Ella propicia la posibilidad de que lo absoluto sea sentido e intuido, permitiendo al hombre ir más allá de lo sensible y lo material y, como dice Hegel metafóricamente, elevar su mirada a las estrellas.

Finalmente, y a modo de conclusión, las elaboraciones de Marx y Hegel permiten preguntar si es, acaso, en la actividad artística y en la Estética —rama de la Filosofía— donde ambas perspectivas puedan encontrar un punto de continuidad o articulación.

Lic. Agostina Uraga 


Referencias

Hegel, G. W. F. (1985). Fenomenología del espíritu. Madrid: FCE.

Marx, K. (2010). El trabajo enajenado. En Manuscritos económico-filosóficos de 1844. Buenos Aires: Colihue.


Imagen: Captura de pantalla del video Hegel versus Marx (Philosophy Overdose, 2021).


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