Cine y psicoanálisis: Los espejos



Los espejos constituyen una superficie reflectante —mágica en otro tiempo— donde, al igual que en el arte cinematográfico, la imagen precisa de energía lumínica para revelarse y operar sobre el fenómeno físico de la reflexión. Usualmente, estos procesos se asociaron con la creencia popular de que lo que se refleja es el alma o el espíritu de la persona que se busca en el espejo. Este particular objeto aparece en diversos cuentos y relatos populares como aquel que es capaz de mostrarnos sucesos y personas distantes en el tiempo y el espacio, revelar una verdad, hablar y responder preguntas del consultante.

En lo que respecta a la teoría psicoanalítica, Lacan introduce el concepto de estadio del espejo como una instancia formadora de las funciones del yo en la infancia:

El hecho de que su imagen especular sea asumida jubilosamente por el ser, sumido todavía en la impotencia motriz y la dependencia de la lactancia que es el hombrecito en ese estadio infans, nos parece que manifiesta (…) la matriz simbólica en la que el Yo (Je) se precipita en una forma primordial, antes de objetivarse en la dialéctica de la identificación con el otro y antes de que el lenguaje le restituya en lo universal de su función de sujeto (…). La forma total del cuerpo, gracias a la cual el sujeto se adelanta en espejismo a la maduración de su poder, no le es sino como Gestalt, es decir, una exterioridad donde, sin duda, esa forma es más constituyente que constituida.

Por su parte, Nasio reintroduce ese mismo concepto al analizar las particularidades del yo y el cuerpo en la adolescencia, ese momento en que nos miramos en un nuevo espejo y encontramos un cuerpo atravesado por múltiples e intensas fuerzas pulsionales de orden sexual y agresivo. Ser adolescente implica estar inmerso en dos fuerzas, en dos intensidades: un cuerpo vibrante de pulsión y la intensidad de un superyó que actúa en sentido contrario, reprimiendo las pulsiones con la misma fuerza con que las promueve. Superyó que se constituye durante la infancia y que será el tercer parámetro y elemento singular, alcanzando su expresión en el pudor y la vergüenza.

En este escrito se propone enlazar los conceptos de la teoría psicoanalítica mencionados con la magia cinematográfica. Con el propósito de ampliar la reflexión, resulta oportuno mencionar rápidamente las elaboraciones de Álvaro Cuadra, quien, en su trabajo "La obra de arte en la época de su hiperreproducibilidad digital" (2007), compara al cine con la melodía, en tanto ambos ocurren en un tiempo presente, en un flujo, y son en cuanto siendo (al igual que el ser humano). En ese sentido, el flujo temporal y material coincide con el flujo de la conciencia del espectador. En una línea similar, Stiegler postula que el cine produce una doble conciencia: conjuga el pasado —u otro tiempo— y la realidad de modo fotofonográfico, creando un efecto de realidad. Al igual que Cuadra, sostiene que el flujo temporal y el flujo de la conciencia del espectador coinciden, generando una sincronización o adopción completa del tiempo de la película. Considero que este es uno de los motivos que permiten cierto proceso identificatorio en el espectador e invisten al séptimo arte de características similares a las de un espejo.

A su vez, para favorecer una mejor comprensión conceptual, propongo dos películas en las que el espejo adquiere centralidad, permitiendo la consecución de los objetivos de los personajes, atravesar desafíos y propiciar una transformación personal, así como el desarrollo de la trama. Estas son: Harry Potter y la piedra filosofal (2001), de J.K. Rowling, y Divergente (2014), basada en la obra de Verónica Roth y dirigida por Neil Burger. Es importante destacar que ambas se basan en libros best sellers y están dirigidas a un público principalmente adolescente.

Nasio —como se mencionó anteriormente— introduce el concepto de la revisita del estadio del espejo, atravesada por las transformaciones que se viven en la pubertad o adolescencia. Transformaciones marcadas por la vergüenza y una visión fragmentada del cuerpo, que debe ser reconstruido y reorganizado en un nuevo trabajo psíquico de elaboración de la propia subjetividad. Otro aspecto característico de esta etapa es que quien se mira en el espejo ya ha sufrido la pérdida de los primeros objetos de amor, ha atravesado los procesos de sepultamiento del complejo de Edipo y guarda en su psiquismo una cicatriz narcisista que perdura.

Todo ello encuentra su ilustración en una escena de Harry Potter y la piedra filosofal: Harry, un niño al inicio de la pubertad, descubre por casualidad en una de las salas de Hogwarts —la escuela de magia— un espejo: el espejo de Oesed, que, leído al revés, significa “deseo”, y que tiene la propiedad de mostrar los más profundos anhelos del corazón. Harry pasa varios días y horas frente a él, ya que le devuelve la imagen de sus padres fallecidos. Recurre al espejo para reencontrarse con esos primeros objetos de amor perdidos.

Como recuerdo del día en que sus padres murieron, Harry lleva en la frente una cicatriz, producto del ataque de uno de los magos más poderosos de su tiempo, quien ejerce gran dominio sobre los personajes de la historia. Este mago no tiene corporeidad, vive en el recuerdo silenciado de todos y tiene cierta connotación negativa, ya que en más de una ocasión “arremete con furia” contra quien osa transgredirlo. Ese mago, Voldemort, podría simbolizar el superyó vinculado a las restricciones, los sentimientos de culpa y su conexión con la pulsión de muerte.

Por otro lado, está Dumbledore, el mago vivo más poderoso de su época. Es el director de la escuela, figura admirada por Harry, y quien ocupa, además, el lugar de una figura parental. Es también Dumbledore quien descubre que el niño ha pasado días frente al espejo de Oesed, y por ello le aconseja:

Veo que, al igual que muchos otros antes de ti, has descubierto las delicias del espejo de Oesed. Confío, por tanto, en que seas consciente de su utilidad. Déjame darte una pista: el más feliz de la Tierra se miraría al espejo y se vería a sí mismo tal y como es. (…) Nos muestra los más profundos y desesperados deseos de nuestro corazón. (…) Pero recuerda que este espejo no nos entregará verdad o conocimiento. Muchos se han consumido delante de él o se han vuelto locos, y debo pedirte que no te esfuerces en volver a buscarlo.

Este último aspecto del espejo se vincula con las formas de sufrimiento inconsciente que pueden manifestarse en la adolescencia y que, en determinados momentos y bajo ciertas circunstancias, revelan el sufrimiento en su forma más extrema: la esquizofrenia y otros padecimientos mentales, que constituyen obstáculos para la conformación del cuerpo psíquico-somático.

Otro aspecto a destacar de la adolescencia es la contradicción inherente al antagonismo entre superyó y pulsiones, que lleva al adolescente a oscilar entre retención y osadía, generando emociones como el pudor y la vergüenza. Por ejemplo, la película Divergente narra la historia de Tris, una adolescente que vive en una sociedad dividida en cinco facciones: Osadía, Abnegación, Erudición, Cordialidad y Verdad. Todo ciudadano debe pasar una prueba al final de la adolescencia para establecer quién es y cuál será su lugar. Este examen consiste en una prueba de personalidad inducida por vía alucinatoria, mediante la ingesta de un suero.

Tris pertenece originalmente a la facción de Abnegación, caracterizada por el altruismo y el rechazo a la vanidad (lo cual implica necesariamente el rechazo a los espejos). Tras someterse al examen, descubre que no puede ingresar a ninguna facción, ya que es divergente, una condición inusual que le permite controlar y superar sus miedos. Esta condición debe mantenerse en secreto, ya que la sociedad no la acepta. Finalmente, opta por “esconderse” en la facción de Osadía e inicia allí una nueva historia personal, lejos de su facción de origen.

En su proceso de aprendizaje, Tris se someterá a varias pruebas mediante el suero. El objeto que se le presentará reiteradamente como obstáculo a superar será el espejo o cualquier superficie especular donde encuentre su imagen reflejada. Ella ha aprendido, de su familia y de su facción de origen, a rechazar su imagen, y se ve casi obligada a una reorganización corporal: debe cambiar su vestimenta, someterse a un entrenamiento físico exigente, modificar su nombre y, en las pruebas, entablar un nuevo vínculo con el espejo. Este terminará por convertirse en su aliado, permitiéndole diferenciar y concluir que lo que alucina —por efecto del suero— no es real, y que la realidad tiene otras características materiales. Así, logra salir victoriosa en más de una ocasión.

Esta película da cuenta de una etapa de conflicto permanente y de las dificultades propias del período puberal-adolescente, el cual involucra al círculo familiar, al propio individuo, su relación con los pares y las sucesiones generacionales. En el caso de Tris, su familia tiene dos hijos, y ninguno de ellos elige permanecer en su facción de origen, lo que genera sentimientos de culpa en los hijos, así como angustia en los padres ante las ausencias.

En síntesis, en este trabajo se intenta abordar algunos aspectos fundamentales del estadio del espejo e ilustrarlos mediante producciones cinematográficas que —en tanto obras de arte y expresiones de la subjetividad— constituyen una vía para manifestar y reflejar vivencias humanas. El cine actúa también como un espejo, y tiene como base, como materia prima de creación, la imagen en movimiento: esa misma unidad, la imagen de un cuerpo en movimiento, que el adolescente desordenará, confrontará y reorganizará, en su dimensión psíquica y en su dimensión somática.

Lic. Agostina Uraga 




Nota: El escrito es un Trabajo Práctico (editado) presentado en 2018 en el curso de Psicología Evolutiva: Adolescencia de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires.


Referencias

Cuadra, A. (2007). La obra de arte en la época de su hiperreproducibilidad digital. Revista RE - Presentaciones N°2, pp. 31-46.

Grassi, A. (2010). Adolescencia: reorganización y nuevos modelos de subjetividad. Entre niños, adolescentes y funciones parentales. Editorial Entreideas. 

Nasio, J. D. (2012). El estadio del espejo en el niño y el adolescente (Entrevista por A. Grassi). Revista Actualidad Psicológica, (411), pp. 2-7.

Nasio, J. D. (2013). Mesa redonda: Diálogos sobre adolescencia. Revista Generaciones N°2. Eudeba.




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